El “regreso de la guerra fría” es el dictamen de muchos analistas ante el peligrosísimo contencioso que toma cuerpo entre Rusia y Estados Unidos, que intenta arrastrar consigo a sus aliados europeos.
Evidenciado crudamente con la enérgica respuesta rusa al aventurerismo estadunidense en la explosiva región del Cáucaso, su origen se remonta a los años posteriores a la desaparición de la Unión Soviética.
Es parcialmente válido compararlo a la guerra fría en tanto reinstala un escenario de colisión entre las dos grandes potencias nucleares y el ominoso peligro de un enfrentamiento entre ellas con ese tipo de armas, que muchos creyeron erradicado con el colapso de la Unión Soviética.
Sin embargo, cabe recordar que nunca antes se produjeron más conflictos locales que después del fin de la Segunda Guerra Mundial, casi siempre como consecuencia de la política de saqueo de las potencias imperialistas contra los pueblos del mundo colonial y semicolonial.
Este periodo es el que dio origen al término guerra fría en alusión a que la Unión Soviética y Estados Unidos decidieron tácitamente no recurrir al empleo del arma atómica ya que conduciría a la “destrucción mutua asegurada”, conocida por el acrónimo en inglés MAD.
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