Apenas habían callado las armas y terminado la carnicería terrorista en Bombay, una aguda triple riña diplomática comenzó a involucrar India, Pakistán y EE.UU. Los dos poderes nucleares del sur de Asia se han lanzado a una carrera para colocar a EE.UU. de su lado respectivo.
Para EE.UU., sin embargo, ya no es asunto de actuar como un mediador neutral y justo. Hoy en día, Washington es un participante a parte entera con sus propias apuestas en las ecuaciones del poder estratégico en el sur de Asia, gracias a la guerra en Afganistán, que está en un equilibrio crítico.
Por cierto, el menjunje en el sur de Asia no podía ser más extraño.
Como diría el “Viejo” en Macbeth de William Shakespeare:
“Setenta recuerdo bien; En cuyo volumen de tiempo he visto horas espantosas, y cosas extrañas, pero esta amarga noche ha dejado pálidas todas las experiencias anteriores.”
Washington parece percibir que la escalada de las tensiones en el sur de Asia podría írsele de las manos. Según las últimas indicaciones, la Secretaria de Estado de EE.UU., Condoleezza Rice, llega el miércoles a Nueva Delhi en una misión de mediación.
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